Parece mentira lo que cuesta (me cuesta) empezar las cosas. Ya hace más de un año que se me paso por la cabeza escribir un diario o anotar en algún lugar las experiencias del día a día. Pero no ha sido hasta hoy, que me he puesto manos a la obra.
El culpable de este hecho ha sido el hecho de que estaba volando de Helsinki camino a casa, cuando me he asomado a la ventana y he podido ver el sol. Qué maravilla de espectáculo. El cielo estaba cubierto por un océano de nubes blancas y a lo lejos, el majestuoso sol que me obsequiaba con un poquito de calor. Por otra parte, está el hecho que he tenido que hacer escala en Estocolmo y llevo más de dos horas aburrido sin hacer nada. Creo que este último motivo tiene mucho peso en mi decisión de empezar a escribir ;).
A ver cuánto tiempo me dura…
Por cierto, siempre quise empezar a escribir como se empieza el día, con un amanecer!
